Un paisa en los premios Óscar: editorial Juan Kiss
Esta es la historia de como la vida y el destino me llevaron a cumplir mis sueños de adolescente a los 39 años
Esta es la historia de como la vida y el destino me llevaron a cumplir mis sueños de adolescente a los 39 años
Este domingo 23 de febrero se entregaron los Screen Actors Guild Award o premios SAG, del sindicato de actores de los Estados Unidos, que junto a los Independent Spirit Awards, son la antesala de los Óscar, ambos son un buen termómetro de la ceremonia de la academia que será el próximo 2 de marzo.
Tuve una época de mi vida en la que no me perdía ninguna de las ceremonias de premios habidas y por haber, llámense Óscars, American Music Awards, Grammys, Billboards y premios MTV, todo.
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Y aunque en mi época, los 80´s, era muy difícil tener acceso a estas ceremonias, solo teníamos lo que hacía Don Julio E. Sánchez Vanegas, un genio de la televisión y los medios de comunicación adelantado siempre a las épocas en donde fue pionero. Nos las ingeniamos para de alguna manera ver algo, cualquier cosa que pudiéramos desenterrar, familiares viviendo en la USA, así decíamos en los 80´s, o lo poco que pasaban en los noticieros.
Pero con la llegada en 1989 de Veracruz tvcable en Medellín, de la mano de otro visionario, Carlos Alberto Acosta, tuvimos acceso a todos los premios.
Después tuve la oportunidad de trabajar allá, entonces se abrió ante mí todo un universo de imágenes que me hacían inmensamente feliz. Yo fui el encargado, muchas veces, de la traducción simultánea al español, cuando hacíamos todas estas transmisiones en vivo.
Pero lo que yo en realidad buscaba, con excepción de los premios Óscar, el cine siempre ha sido una de mis pasiones, era ver a integrantes de mis bandas de hard rock y heavy metal favoritos, metidos en cualquiera de esas premiaciones.
Me sentía muy orgulloso cuando los veía pavoneándose por esas alfombras de premios con otros personajes encopetados y muy bien vestidos. Lo que no sabía, era que la vida me tenía reservada una experiencia que nunca olvidaré.
Cada vez que digo que el rock n’ roll y la radio me lo han dado todo, no miento, porque fue el metal el que me llevó a trabajar con Julio Sánchez.
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En el 2005, llegó la W a Colombia, la emisora antes se llamaba Caracol Estéreo y yo la dirigía y la programaba en Medellín. En la edición de Colombia moda del 2005, en julio, vino todo el equipo de la W, Julio Sánchez, Alberto Casas, Félix De Bedout y Claudia Morales.
Una mañana de esos tres días, creo que fue el último día de transmisión, viernes tal vez, bajó alguien del equipo de producción de Julio y me pidió que si podía subir a la cabina de la básica, en donde estaban todos transmitiendo el programa de la mañana.
Me senté afuera. Junto a la consola de transmisión, la muchacha en cuestión me preguntó: “Dice Julio, que si ese personaje Rob Halford es tan importante, como para pasar al aire una nota suya, que dura unos siete minutos”.
Inmediatamente respondí sin asomo de duda y con toda la seguridad: “Pues ellos que admiran tanto a los Beatles, dígales que ese señor es el Paul McCartney del metal”. Julio, asomó su cabeza, buscándome y me dijo: “venga dígame eso al aire”.
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Entré a la cabina y me senté en medio de Julio Sánchez, que estaba en la cabecera, Claudia Morales a mi lado derecho, frente a mi Alberto Casas y diagonal a la derecha, Félix De Bedout.
Cuando entramos al aire, me dio pasó y le expliqué con lujo de detalles quien era Rob Halford, me pidió que me quedara un rato más.
En esa época estaban en búsqueda del nuevo James Bond, que terminaría siendo Daniel Craig, para reemplazar a Pierce Brosnan que se iba; todos tenían un portátil al frente, todos, menos yo. Cuando hablaban de los James Bond que ha tenido la serie de películas metí la cucharada y les di en orden, sin portátil, los nombres de todos y las películas en las que habían debutado y además la última que habían hecho.
Cuando terminé y el programa se iba al último break comercial, Julio me dijo, al aire: “¿le gustaría ser el corresponsal de la W en Medellín?” Le dije que sí.
La historia, tiene un giro como de guión de película, pero debo contarlo, para que todo este cuento tenga aún más sentido.
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Mi padre, Manuel Ángel Muñoz, habló a la perfección 5 idiomas además del español, sin salir jamás de Colombia, inglés, italiano, alemán, portugués y un idioma nuevo, el esperanto, que creó un médico oftalmólogo polaco de apellido Zamenhof, es más, mi padre era el presidente de los esperantistas en Colombia.
Pese a su amor por los idiomas, en especial el inglés, mi papá nunca quiso salir de Colombia, recibió jugosas ofertas de varias universidades en los Estados Unidos, pero todas las rechazó.
En el 2005, mi hermanita Sandra tuvo su primer y único hijo, Federico, que nació en Miami, donde ella vivía con su esposo. Su sueño más inmediato era que mi papá fuera con mi mamá a conocer a su nuevo nieto, fue difícil, pero lo convenció. Viajaron un sábado en la mañana, la última vez que vi a mi padre fue ese día del viaje, estuve sentado leyendo los periódicos con él, tal como lo habíamos hecho toda la vida, leyendo, juntos.
Antes de abordar el avión me pidió que lo llevara al baño a orinar, estaba muy impedido ya. En silla de ruedas, en el baño, en el orinal, se paró y yo lo sostuve de la espalda, con ese humor tan característico de él, hasta sus últimos días, me dijo: “se invirtieron los papeles, ahora sos vos el que me llevas a orinar” y soltó una carcajada. Cuando ingresó a la sala de abordaje, fue la última vez que lo vi, vivo.
El 19 de diciembre, mientras estaba al aire en la W, me llamó mi mamá a decirme que mi papá había sufrido un derrame y un infarto, le pasó mientras desayunaba, quedó en coma.
Julio notó que yo no era el mismo esa mañana, me mandó a preguntar con Mario Alcalá, el operador central de toda la transmisión del programa que si me pasaba algo. Ahí le conté que mi papá estaba en coma, con muerte cerebral, en un hospital de Miami y que además mi mamá tenía un ataque de pánico y no estaba en condiciones de viajar sola con mi papá, que para acabar de ajustar, yo no tenía Visa para ir por mis padres.
Julio me ayudó con la Visa, no sé cómo hizo, pero al miércoles de la siguiente semana yo estaba en la embajada de Estados Unidos en Bogotá, en donde efectivamente me dieron la visa.
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Ese mismo día me llamó mi hermana Sandra a contarme que tenía el médico a su lado, un hindú, o por lo menos su inglés tenía ese acento. El médico le dijo que mi papá tenía muerte cerebral, que estaría conectado a máquinas el resto de sus días, a menos de que nosotros tomáramos la decisión de desconectarlo y esa decisión debía tomarla yo; dije que sí, que es lo que él hubiera querido, mejor irse que quedarse muerto en vida, atado a máquinas que respiraban por él.
Viajé por mi papá, me lo traje en una cajita y al lado, mi mamá.
En enero del 2006, Julio estaba buscando a alguien del equipo para cubrir los premios Óscar del 2006, yo decidí enviarle un correo postulándome para la tarea, justifiqué mi atrevimiento, diciendo que dominaba el tema y el idioma. A los 20 minutos me llegó la respuesta, “adelante”.
Así que me fui a Los ángeles, California, una semana completa antes de los premios Óscar. Era la segunda vez que viajaba a los Estados Unidos, a los casi 39 años, el que había sido mi sueño de adolescencia.
Mi esposa Tata siempre me había dicho, que el último regalo que me hizo mi padre fue ese, permitirme viajar a los Estados Unidos.
Viajé en compañía de una gran periodista, Celmira Rubio, con quien hicimos un gran trabajo, porque viajamos sin acreditación alguna. Sin embargo, Celmira ya era experimentada en ese tema, gestionó, durante una semana y recorrimos parte de Los ángeles buscando fiestas y eventos pre Óscar.
Entrevisté a Quincy Jones después de colarnos a una fiesta de afroamericanos en el Beverly Wilshire Hotel, en donde se filmó ‘Pretty Woman’ con Julia Roberts y Richard Gere, estaba buscando a Will Smith que se rumoreaba estaría en esa fiesta, nunca fue, pero Quincy Jones sí.
En el segundo piso del teatro chino logramos entrar a una fiesta de la comunidad italiana y allí conversé con una muy amable y bella Jacqueline Bisset. En el teatro egipcio, en la premier de la película, ‘Ask the Dust’, con Collin Farrell, pude entrevistar a Warren Beatty y a Salma Hayek.
En otra fiesta programada, asistimos a la alfombra por donde pasaban las celebridades y allí conversé con Darryll Hanna (Splash, Kill Bill), y Jason Scott Lee (Dragon: the Bruce Lee story).
En los Independent Spirit Awards, unos premios medio hippies, pero muy interesantes y divertidos, frente a la playa, en carpas, en Santa Mónica, logré una muy buena entrevista con George Clooney, en audio y video, además.
A la ceremonia de los Óscar, sin acreditaciones, fue imposible entrar, es más, decidí quedarme en el hotel al aire con la transmisión de los premios por la W, Celmira se encargó de cubrir la alfombra roja con lujo de detalles.
Mis sueños de adolescente se hicieron realidad llegando casi a los 40 años y en gran parte, gracias a mi padre.
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Pero no me puedo ir sin la parte rockanrolera del asunto. El sábado, después de los premios Independent en la playa, volvimos a Los ángeles y le pedí a Celmira que me dejara en el Sunset Strip.
Hice todo el recorrido, el ‘Whisky a go go’, el ‘Troubador’, el ‘Viper’ (de propiedad de Johnny Depp, donde murió River Phoenix), el ‘Roxy’ y rematé en el ‘Rainbow’, el bar favorito de Lemmy Kilmister, y en ese bar, me senté en la mesa en donde se sentaban los de Mötley Crue.
Dos whiskies en cada bar, terminé ya con el cupo listo, pero fui feliz.
Finalizo esta historia diciendo lo siguiente, no tomé ni una sola foto, si tengo en casetes V8, en video, unos 45 minutos de grabación, pero ni una sola foto.
Pero todo está en mi cabeza, una experiencia inolvidable.
Rock n’ roll forever my Friends!
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